Años que merecen una buena historia

Años que merecen una buena historia

Me ha costado darme cuenta de que con el paso de los años todo acaba siendo muy diferente a como lo había planeado, y sigo confundiendo la incesante maniobra de querer volver atrás para cambiar las cosas, con la aceptación de continuar asumiendo las responsabilidades que he elegido.

Hoy estoy aquí como tantas otras veces, sentada frente al ordenar inventando palabras y descubriendo mi corazón. 30 años no son nada comparados con los que me quedan por disfrutar: del gas que te voy a dar, de las curvas que voy a conseguir trazar, de tu carenado cada vez más lleno de fragmentos, de tus idas y venidas y de que no quieras irte nunca del todo.

No sé qué decir, ni qué hacer, ni cómo compartir, ni cómo soñar, ni cómo llorar, ni con quién hacerlo. Ni siquiera sé cómo aguantar, ni cómo reír, ni cómo aceptar el dolor ni la pena. Pero sí sé algo, y es que, a día de hoy, aunque no entienda prácticamente nada de vivir, ni comprenda las injusticias o las formas de ser, he llegado donde estoy y soy feliz.

Quien me acompaña en este camino sabe que detrás de mi postura seria y a veces tímida, se esconde una persona humilde y con cierta tendencia, bastante contagiosa, a bromear, reír y no parar.

No todo el mundo se atreve a conocer a las personas. Dan por sentado que son de una manera cuando ni siquiera se dan el lujo de abrir la puerta. Por eso sé, que quien tengo a mi lado, es porque no solo ha logrado abrir la puerta, también ha entrado, se ha quedado y no ha querido irse.

Me ayudas a entender la vida y quiero seguir compartiendo mi historia asumiendo todos los riesgos que ello conlleva.

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