El invierno se hace más largo cuando no hay domingos moteros

Para muchos este deporte puede significar riesgo, peligro, adrenalina… y para otros simplemente una pasión. Hace más de 8 años que sigo las carreras de motociclismo. Me acuerdo del primer Gran Premio que vi: mi hermana y yo estábamos sentadas en la mesa preparadas para comer y mi padre cogió el mando de la televisión y se puso a cambiar canales. Nosotras con la esperanza de que pusiera los Simpson nos encontramos con TVE1 y una carrera de MotoGP.

Al principio como todo chiquillo quisimos que cambiara de canal pero él dijo que esperásemos a que terminara la carrera. Tuvimos que callarnos y prestar atención a un deporte que prácticamente era nuevo para nosotras. Sete Gibernau y Valentino Rossi estaban protagonizando una de las mejores batallas del motocilismo en Jerez 2005. Lamentablemente en la última curva de la última vuelta Valentino empujó a Sete, lo que hizo que la rivalidad entre ambos fuera mayor. Esa carrera la ganó Rossi pero hirió el orgullo de Gibernau.

Después de ese Gran Premio no parábamos de preguntar cuándo volvían a hacer una prueba de motociclismo. Y a raíz de ahí no puedo concebir un domingo sin motos, sentada en el sofá de mi casa comentando cada adelantamiento con mi familia.

Ese mismo año le dije a mi padre que quería ir a una carrera y ver este espectáculo en vivo y en directo y él sin ningún reparo dijo:

– Pues vamos a ver el precio de las entradas de Cheste ( Ricardo Tormo- Valencia). Elegimos la tribuna roja, las compramos y estuvimos cuatro meses ansiosas esperando a que llegara el final de la temporada para ir.

Nunca olvidaré esos días, madrugar para llegar pronto al circuito, esperar con el frio a que saliera el sol, oír los primeros rugidos de las motos, gritar, apoyar, soñar…

Ese año y por casualidades de la vida conseguimos entrar al padocck, exhaustas mi hermana y yo íbamos paseando viendo a pilotos y haciéndonos fotos, deseándoles suerte o enhorabuena por la carrera y descubrimos que son personas normales, que no tienen nada de especial, no son ni superiores ni inferiores, sólo son pilotos, chicos que han perseguido su sueño, que han luchado por lo que más querían, que son amables, simpáticos y siempre con una sonrisa en la cara.

Después de ese año hemos ido dos veces más y ojalá pudiéramos ir más veces, pero entre la universidad, el Erasmus, el máster las cosas se complican aunque sigo viviendo cada fin de semana, sigo madrugando cuando las carreras son en el otro continente y sigo refugiándome en este deporte cada vez que tengo un mal día porque me siento más segura.

Ya ha terminado la temporada y ya tengo ganas de que vuelva a empezar otra. El invierno se hace más largo si no hay domingos moteros.

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