Nado entre una confusión que navega junto a la respuesta certera

Nado entre una confusión que navega junto a la respuesta certera

Cada una tenemos un secreto, pero yo no sé si quiero confesarte el mío. Algunos misterios deberían quedarse sin resolver aunque la curiosidad acabe matando al gato. Es fácil transmitir un sentimiento, es fuerte llenar los huecos vacíos de historias absurdas, es complicado creer en ellas pero acabar dándoles sentido y es normal conmoverse por los problemas que puedan acarrear.

Así empezó nuestra historia.

Primero te vi en una revista, lucías hermosa y ese color naranja no podía sentarte tan bien. Fui a verte pero eras de color negro. Me dijeron que tenían que pedirte y yo pensé que eras la mejor opción en cuanto a características, peso, envergadura, potencia y equilibrio, pese a que ello dependiera de mi. No quise mirar más, esperé un mes para tenerte y ya ves, han pasado casi dos años y medio en los que me siento igual que al principio, sin haberte contado mi secreto y esperando la circunstancia para desvelarlo.

A partir de ese momento he decidido tantas cosas mientras te tenía agarrada entre mi cuerpo, que creo que eres la mejor alternativa para no sentirme sola cuando nado entre una confusión que navega junto a la respuesta certera.

Mi desorden es una decisión fuera de contexto, porque entiendo la respuesta pero no la encajo en mi laberinto. Eso me gusta: más locura en este mundo poco cuerdo.

Y me sigues encantando cuando dejas huella y me pongo nerviosa al verte, sigues maravillándome cuando me das pistas para salir del caos y me animas a que no cuente el secreto que estamos ansiosas por confesar.

Seguiré numerando los días entre incógnita e incógnita para que el enigma sea cada vez más entero.

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