No hay príncipes azules, pero estás tú
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No hay príncipes azules, pero estás tú

Me refugiaba en los cuentos de hadas como si de una cueva se tratase. Amaba la oscuridad y no me asustaba pensar que Blancanieves no sobreviviría al veneno de la manzana. Las cosquillas inundaban mi espalda cuando el príncipe azul la besaba, y seguía creyendo que era la única salvación. Final perfecto ¿no crees?

Las princesas dejaron de esperar que los héroes las salvaran, porque entonces llegaste tú y lo cambiaste todo. Vivimos entre abismos y encontramos nuestro castillo a tan solo unos pasos, y fue ahí cuando juré dejar de creer en las fábulas, aunque seguía interpretando historias que se clavaban en mi pecho como una daga.

De todo eso, solo obtuve una respuesta con desdén y alguna sombra oculta que camufló mil oportunidades cabales a tu lado y ni te diste cuenta. No obstante, cuando quise desaparecer, algo cambió y pensaste que no podía huir si no era contigo.

Ahora caminamos juntas pensando en lo bonito que es vivir sin tinieblas que nos hipotequen las rutas ni nos manchen el colchón. Me inspiraste para volar lo suficientemente alto para no precipitarme, y sin querer quererlo me sorprendió comprobar que mientras estés conmigo no olvidaré jamás cómo hacerlo.

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