Tan míos como tuyos y tan nuestros como de ninguno

Tan míos como tuyos y tan nuestros como de ninguno

«No vengo a hablar de nada, déjame ser silencio». Andrés Suárez me enseñó a creer en las palabras que se esconden detrás de las canciones, esas que se recitan cuando nadie está escuchando y que tu corazón grita para los que derraman una lágrima al descubrirlas.

Tener mil razones para salir y que sea el tiempo el que te haga tomar la última decisión. Hacia calor y me he quedado en marga corta. Sé que la seguridad es lo primero y para pilotarte siempre me protejo, aunque he de admitir que cuando voy por la ciudad en verano a veces no me pongo la chaqueta y eso hace que sea más ligera contigo y me gusta «Como un desfile de gaviotas en cualquier río».

Me protejo del sol y hace tantos sentimientos que no respiro aire puro que me concentro en esos lugares tan míos que al final acabo haciendo tuyos. Son tan nuestros y a la vez tan de nadie que entre «voy a pensar en ti y no olvidar tu nombre» y «solo tengo tres canciones para hacerte reír», ya he cambiado de canción y estoy contando con números cardinales los instantes que faltan para «verte bailar flamenco y que me cambies la vida».

El mar, las olas, la soledad, la playa, la montaña, la compañía, las conversaciones de más, muchos kilómetros y «perder la cordura con tu boca». Sea donde sea siguen sonando las mismas canciones y mientras disfruto con mi familia de un domingo de verano en marzo, me contagio una y otra vez de los sonetos que sueño a tu lado sin preguntarme porqué.

Volver siempre me hace pensar en la próxima salida sabiendo que «nunca es triste la verdad sin ti» que «no hay nada más bello que lo que nunca he tenido, y que seguimos siendo «demasiado verdad». 

Vamos a cambiar de estación y me acompañan más palabras para seguir hablando de ti porque «juré contar nuestras historia, nunca decir la verdad».


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