Un silencio mal pronunciado

Un silencio mal pronunciado

Puede ser que le haya empezado a dar vueltas a algo que rondaba por mi cabeza desde hace tiempo y que ahora necesita más que nunca salir a buscarte. Ese pensamiento que perturba todas las curvas de mi cuerpo y la ausencia de una caricia que en aquella coyuntura quizá no fuera tan sincera.

Un silencio mal pronunciado es lo que me ha llevado a catalogar el miedo que siento al salir de nuevo con el valor que un día puse delante de mi para ocultar la timidez al tocarte.

Consigo descifrar ese raciocinio y descubro que el resultado me hace sentir más sosegada y que la insistencia por mantenerlo en mi juicio mental era la esperanza de que fuera algo definitivo. Ahora, tras analizar con sutileza todos los sintagmas que han desarrollado las ideas en mi cabeza, me han dado la ecuación que precisaba para saber interpretar tu retirada y mi pasión relativa por volver a arrancarte.

A su vez, descifro que el derecho que me impongo ante todo es de apostar por mi y de ti nacerá el privilegio de dejar que me guíes por los caminos más desiertos y a la vez tan llenos de vida que hace tiempo me revelaste.

También he encontrado otro matiz en la ecuación y no he querido conformarme con el resultado, sino que he buscado la manera de acertar mis expectativas junto a ti, pero en otra dirección.

Al final, he sentenciado que no encajar en ese algo que ha estado rondado por mi cabeza, es la manera más sublime de decirte que, siendo la pieza del puzzle que todavía no se ha ajustado perfectamente a mi probabilidad, sigo sin cansarme de tu color naranja, pero te echo de menos con otras tonalidades mejor definidas.

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