Verdades a medias y realidades escondidas

Verdades a medias y realidades escondidas

Ahora que parece que ha pasado todo, que estamos en la recta final sin saber muy bien qué hacer, tal vez esa sensación de abandono, aunque lícita, resulte algo complaciente. Dejar estas cuatro paredes me ha provocado una mezcla de satisfacción y resignación, pero el poder bajar a por ti varias veces desde que empezamos a caminar en cada fase, no lo cambio por nada.

Quizá fue porque se estaba haciendo de noche aquella tarde de domingo, por el fracaso que suponía volver a llevarte a los mismos paisajes o por la nostalgia de conquistarte de nuevo, pero lo tuve claro, dejó de llover y volví a tenerte entre mis brazos y ahora sí, iba a hacerlo cuando me diera la gana.

Fui a por ti y no tuvimos que decirnos nada, porque fue solo estar, permanecer juntas por unas horas, como si nunca nos hubiéramos ido, como si no hubiera llorado cuando te dejé sola tanto tiempo. Las verdades a medias que construimos y las realidades escondidas que planeamos me hicieron darme cuenta, aunque me cueste admitirlo, de que las decisiones que he ido tomando han sido las acertadas.

Sin percatarme apenas he vuelto a caminar contigo cambiando mis objetivos hacia placeres más certeros e incluso banales a tu entendimiento, pero sin dejar de ser honestos y por supuesto mucho mejor definidos que antes.

Estamos pasando unos días sin darle muchas vueltas a nada, días de esos que hacia mucho tiempo que no tenía y que espero repetir constantemente. Mañanas con música y atardeceres increíbles de recuerdos callados, sin reproches olvidados, sin exigencias plausibles, sin un «más o menos» que crea incertidumbre y sin excusas baratas.

No quiero decirte nada más, solo quiero seguir apostando contigo y que sepas que es inútil que intente cambiar de idea cuando el precio que pago al estar juntas son los latidos de mi corazón cada vez más fuertes.

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